La revolución de la financiación

No es ningún secreto que las PYMES en general y las start ups, en particular, tienen poco acceso a la financiación tradicional, esto es, al crédito bancario. El factor principal es sin duda la profunda crisis económica en que nos encontramos inmersos pero además, en el caso de las empresas innovadoras de reciente creación, su alto riesgo no es de ayuda a la hora de encontrar financiación.

Financiacion

¿Qué otras vías existen?

Como siempre ha ocurrido, la familia y los amigos son la primera opción, conocida hoy como las 3 F’s: family, friends and fools. La última “F”, de tontos, parece un guiño al hecho de que los más allegados al emprendedor no saben realmente qué están haciendo, tanto por la posibilidad remota de tener de vuelta el dinero, como por el poco formalismo que dan a la operación, es decir, por la inexistencia de un pacto de socios en caso de que entren a participar en el capital de la empresa como socios minoritarios y de forma simbólica, lo que puede acarrear multitud de problemas que analizaremos en otro post.

Existe también la posibilidad de recurrir a subvenciones o ayudas como todas aquellas relacionadas con la innovación (Grupo SCA participará el próximo día 25 de junio en la Jornada sobre Innovación e Internacionalización de la PYME organizada por la oficina de proyectos internacionales de AMETIC, AproTECH 2020, cuyo objetivo es impulsar y ayudar a crecer a emprendedores y empresas innovadoras).

Por otro lado tenemos el capital riesgo, más atractivo para los emprendedores que la financiación pública, cuya obtención es compleja de gestionar además de no tener en cuenta las urgencias o el calendario del proyecto empresarial. En el capital riesgo hay que diferenciar entre Private Equity (PE), Venture Capital (VC) y Business Angel (BA) o capital riesgo “informal”. La diferencia entre estos inversores es su target, esto es, mientras el PE se centra en empresas consolidadas o maduras el VC y los BA tienen como foco empresas de base tecnológica de reciente creación con un alto potencial de crecimiento. ¿Y la diferencia entre el VC y los BA? El VC es un inversor profesional, técnico y más exigente que los BA en general.

Asimismo, hay que mencionar el crowdfunding o financiación colectiva, en plena regulación en nuestro país y cuyo papel es cada vez más importante gracias al impulso de las nuevas tecnologías.

Una vez barajadas las distintas opciones o vías de financiación, ¿cómo se articulan? ¿Cómo se llevan al papel? El abanico es amplio, desde participar directamente en el capital de la empresa, es decir, convertirse en socio acudiendo a ampliaciones de capital o a través de préstamos participativos o el contrato de cuenta en participación. Veamos las dos últimas figuras:

·         Préstamo participativo: El nombre de esta figura suele llevar a error, puesto que el prestamista no participa en el capital, sino que percibirá un interés variable que se determinará en función de la evolución de la actividad de la empresa prestataria, pudiendo fijarse incluso un interés fijo. Cuestión distinta es que se pacte entre las partes la posibilidad de capitalizar el crédito, es decir, convertir la deuda en capital de la sociedad.

·         Contrato de cuenta en participación: Este contrato viene regulado en nuestro Código de Comercio (arts. 239 a 243) y se diferencia del préstamo participativo en que en el primero, la participación en las pérdidas de la sociedad gestora a la que se aporta capital (en concepto de partícipe, no de socio) es una característica inalienable a esta figura, es decir, el inversor no podrá exigir que se le devuelva lo aportado. A pesar de la longevidad de este contrato, en la actualidad está siendo utilizado como vehículo de inversión por los BA, que canalizan su inversión a través de una sociedad (con la que formalizan el contrato de cuenta en participación) que adquiere participaciones en la empresa en la que desean invertir. Esto presenta ventajas tanto para la empresa que busca financiación (si los BA invirtieran de forma individual la empresa perdería el control del accionariado y su gestión sería mucho más compleja) como para los inversores, que podrán desinvertir (exit) con mayor facilidad que si tuvieran la condición de socios (las restricciones a la hora de vender acciones o participaciones – piénsese en el derecho de suscripción preferente o en la existencia de pacto de socios – hace poco atractiva la inversión en sociedades no cotizadas). En este sentido, será muy interesante seguir de cerca Bewa7er, iniciativa de François Derbaix (TopRural), que busca activar la inversión privada en empresas no cotizadas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *